JESÚS NAZARENO DE MAGALLANES; HISTORIA

 DICEN QUE LLEGÓ DE ISRAEL...

HISTORIA DE LA DEVOCIÓN A JESÚS NAZARENO MÁS ALLÁ DE MAGALLANES;


Corría el año 1879 cuando las principales islas que limitaban el sur de Chile con la Antártida, donde el espacio y tiempo se detiene, de un mundo con tradiciones ancestrales, espíritu gaucho y orgullo marinero y de un paraje helado, casi desconocido por el hombre, empezaron a entremezclarse de un modo no muy pacifico, entre las poblaciones de tribus gauchas, de chaleco rojo, sombreros fedora, fusil corto y jamelgos robustos, sus esposas cargando las reses capturadas, y por otra parte las vastas y congeladas tierras que limitaban con la Antártida, con los riesgos asumidos y una buena cantidad de madera, en 1911 los colonos de la Patagonia Argentina se establecieron en pueblos y aldeas, conviviendo neutral y a veces hostilmente con algunas tribus nativas como los Selk-Nam, vestidos con pieles de zorro y foca.

Los Selk-Nam eran conocidos por su instinto territorial y su agresividad, contrastando con la amabilidad y generosidad de los colonizadores chilenos; según san Gerardo Coléret, un valiente y cronista misionero franciscano francés, estos pobladores se pintaban el cuerpo de negro obteniendo el pigmento con madera carbonizada, a excepción de partes corporales (costillas y partes de la cara como la boca, nariz y ojos) e iban tapados con prendas acolchadas y una densa piel de lobo gris.

Vivían en pequeños poblados o guetos, con cabañas construidas mediante una sádica técnica que consistía en machacar huesos humanos con sangre, un aglutinante y cuero, para formar argamasas y construir dichas viviendas, dado que la pasta que servía como material de construcción era aglutinada con un barniz obtenido de la piel de oso polar, era ignífuga y se podían encender tantas hogueras como se quisiera, por lo que eran estructuras rentables para combatir el clima extremo de la Antártida.

Los huesos humanos que utilizaban diariamente se obtenían de un sangriento ritual donde, en una olla de cobre, después de las plegarias pertinentes ofrecidas por el chamán a un pequeño ídolo de madera con apariencia feroz se cocía vivo a un miembro de la tribu junto con la comida de ese día, dotando de un carácter sagrado a dicho ritual, el cadáver era introducido en una tienda especial donde unos hombres subordinados del chamán cubrían el cadáver con una abundante cantidad de barro, obteniendo un molde del fallecido, que se llenaba de agua (antes de haber cocido el molde) y se dejaba congelar bajo tierra. El cadáver era despellejado, con las entrañas (primero) y los huesos (segundo) extraídos, se realizaban dos pastas con cada conjunto aplicando barro y aglutinante, después la sangre que era cuidadosamente extraída, se contenía en recipientes de barro decorados con efigies espantosas

Sus armas eran bastante simples, así como grandes garrotes de barro macizo y esferas arrojadizas (arrojadas con hondas) a veces impregnadas con una sustancia obtenida mediante una formula secreta más fuerte incluso que el alquitrán que se prendía antes de arrojarlas,  lo que las volvían armas verdaderamente mortíferas, además los propios guerreros iban vestidos con armaduras de cuero y máscaras (a modo de protectores faciales) terroríficas de barro cocido.

Viendo las duras condiciones de vida de estos pobladores australes, los frailes franciscanos y seglares, tan solidarios como compenetrados con la bendita tierra de Chile, se echaron al estrecho de Magallanes (desde ahí antes de la colonización no se conocía nada mas y se decía entre los pescadores chilenos que era el final de todo lo conocido, y por lo tanto no se debía pisar) en 1914 y navegaron de isla en isla aportando recursos y construyendo zonas residenciales decentes para los patagónicos, además de singulares y preciadas devociones, a las que construían numerosas ermitas y capillas, algunas de estas; La Virgen del Carmen, san Francisco de Asís, San José, San Antonio y Jesús Nazareno.

La imagen de Jesús Nazareno fue considerada desde su llegada como una efigie singular, con melena greñuda y natural, mirada perdida y sangrienta, sus tres originales potencias tridentadas  y su forma de cargar su cruz leñosa, encorvado y esforzado hicieron las delicias de los habitantes, y entre todos reunieron la madera de las capillas anteriores y levantaron en el año 1923 un singular santuario en la costa de la isla de Caguach , al que muchos australes patagónicos y posteriormente, chilenos empezaron a visitar en masa y con gran devoción a la preciada imagen.

El Santuario llegó a albergar a las imágenes traídas por los misioneros franciscanos ubicándolas en varias capillas laterales (21 en total) estando Jesús en la más íntima de todas, junto al Santísimo Sacramento

El aspecto más curioso decía que el material, o pasta de la figura (rostro, manos y la propia cruz) provenían de la madera de los olivos del  mismo huerto de Getsemaní, en el que Cristo oró en agonía antes de enfrentarse a su pasión, por eso el himno de la congregación y la propia compañía empieza con la frase dicen que llegó de Israel.

A lo largo de los años, desde 1945, se fueron creando, por parte de otros misioneros más congregaciones y santuarios, confeccionando sus propias imágenes y forjando sus propias leyendas, como el santuario de Jesús Nazareno de Punta Arenas (uno de los más conocidos), el pequeño Jesús Nazareno de Punta Tenglo, Jesús Nazareno de Chiloé o Jesús Nazareno de Andachildo.

Hoy en día estas islas son auténticas ofertas de ocio y descanso entre la población chilena, no existiendo diferencias entre chilenos y patagónicos ya que todos pertenecen a una sola patria, una sola descendencia y una familia unida, el pueblo chileno, siempre orgulloso de sus tradiciones y sobre todo de su supervivencia en el límite de las tierras antárticas.

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